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ARTES VISUALES | LA OBRA DE RUBÉN CARUSO

VIAJE A LAS ENTRAÑAS DE UN PERSONAL UNIVERSO

La artista e investigadora Laura Valdivieso nos convida con un profundo análisis –y una charla íntima- sobre la obra plástica de este mendocino; que vive en Barcelona y siembra sus gestos poéticos en territorios latinoamericanos.


Laura Valdivieso | Mendoza | Argentina | pensamos@puracultura.com.ar

Caruso

En noviembre de 2014 el artista mendocino Rubén Caruso, que vive en Barcelona hace más de una década y está planeando una exposición en nuestra provincia, hizo una muestra en el Museo de Arte Moderno de Bucaramanga (Colombia). Para explicarla y darle contexto, él invitó a Laura Valdivieso a que hiciese un análisis de ese corpus artístico. El fruto de ese intercambio, y el texto que luego ilustró el catálogo de la muestra, se vuelcan en este ensayo que compartimos con ustedes.

 

La exposición que Caruso montó para ese museo colombiano se llamó “De océanos y desiertos” y concitó un intercambio riquísimo de pareceres entre él y Laura. Gentilmente, Valdivieso le acercó a Puracultura esa charla previa, de la que se desprenden las palabras que luego ella volcó en el catálogo.

 

“El concepto surge de una consciente, y no tanto, conexión con la obra y la literatura poética que siempre acompañó mi trabajo. Aunque resulte contradictorio, o raro, muchas veces trabajo sobre una idea y luego encuentro el texto o poema que me aclara o guía la intención”, desgrana Rubén en esa conversación íntima con Laura, para explicarle cuál la base de reunión de esas obras (pinturas, esculturas y dibujo) que enviaría a Bucaramanga.

-¿Por qué te interesa mostrar tu obra en Latinoamérica?, le preguntó Valdivieso.

- Porque hace 13 años que trabajo afuera, un trabajo que ha tenido continuidad y coherencia (al gusto o no) y que se inició en Mendoza. Porque, si bien no creo en la idea de un arte latinoamericano -me interesa más la idea de lo humano, de la universalidad-, soy de allí, de Mendoza: de un margen en los márgenes; y me guste o no lo sigo siendo.

-¿Quiénes son tus referentes? ¿Los tenés? ¿Son argentinos, latinoamericanos?

- Creo que la mayor influencia está en la poética literaria. En la plástica, diría: “todo”, en tanto obra y actitud. En su momento fue Matta Soto Porter, Joaquín Torres García, toda la historia americana y europea. Hoy no miro a ninguno de esos artistas, y lo que miro (que ha sido mucho) es sólo lo actual; que me interesa poco hacia dónde va… ¡Qué bueno es Bill Viola o William Kentridge…, y no son tan jóvenes (piensa un poco más)... Rothko me interesa, e intento olvidarlo –se ríe-. Imma Casas… A propósito de una pintura, a manera de piropo, me señaló la cercanía…Como me sucedió, luego de ver la obra de Kuitca, no volví a trabajar los espacios escenográficos. No reniego de los parientes pero hay que elegirlos y matarlos.

-¿Puedo establecer, para mi texto, una relación entre tu obra y la de Torres García y constructivismo latinoamericano?, ¿o tenés otra fuente?

- Quizás a propósito del material con el que me encontré (madera de constucción y del taller de Viena, como el parquet) tuve claro que quería hacer algo pobre, simple, frágil. Dejar en claro que era viejo y que deseaba mostrarlo como era: austero, instable, precario… hasta tosco si se quiere. Respecto a Torres García, no lo sé…: me encantaría tener la certeza. Lo que sí me doy cuenta es de que se desprende en mi obra que no es consciente, que hay instinto. Creo, y moriré creyendo, que el arte es un proceso vital. Creo que comprendés esto que te digo, porque fuiste la primera que hablaba de “poética” en mi trabajo. A mí me sigue costando verlo fuera de un devenir propio, personal, solitario. Me genera interrogantes encontrar tantas similitudes en geografías tan disímiles. Tengo muchas preguntas con el tema y me interesa cotejarlo… Hace poco leí un libro (entrevista de Charles Julliet) sobre Bram Van Velde, un pintor desconocidísimo que tenía el gusto de ser amigo personal de Samuel Beckett, que trabajó en la más absoluta marginalidad hasta sus entrados 70 años.

Luego la charla entre ambos artistas se internó en los derroteros técnicos de aquella muestra para Colombia y culminó con un “muchas gracias Laura, ¡te quiero!”, que Rubén Caruso gritó desde el otro lado del Atlántico.

 

La casa que cobija a todas.

Paréntesis. Caruso se fue de Mendoza cuando nos azotó la crisis de principios del milenio: él enfiló para Europa en busca de lo que aquí se ponía difícil. Hizo una primera, y larguísima escala en Viena, donde vivió hasta 2010 y luego se instaló en Barcelona; donde hoy vive y produce. Es un artista premiado, celebrado, activo e interesante. Un poco antes de su partida, plantó en el MMAMM una muestra a la que llamó “Casa poblada de casas”. En esa oportunidad, contamos en diario Los Andes:

“Rubén Caruso tiene una casa que vuela, que flota. Una casa tan generosa y expansiva que es su obra misma. Es una casa de esas que huele a tomillo…, que se suspende en un éter de azules obsesivos -él mismo así lo confiesa-, que tiene escaleras que suben hacia ningún lado, ventanas que dejan ver las brumas, también azules, puertas que se cierran y otras que se abren. Rubén tiene una casa en mente que ha nutrido su obra, prácticamente desde que comenzó a exponer, y deja que ella se explaye como más le plazca. Ese es su tema, el de sus pinturas anteriores y el de estas actuales (en total 14) a las que ha agrupado con el nombre ‘Casa poblada de casas’. Con esta casa hizo exposiciones colectivas, otras tantas individuales (aquí, en Buenos Aires) y recibió varios premios destacados. Esta morada pródiga lo signó con su estigma apenas concluyó su carrera en la Facultad de Artes de la UNCuyo y se derramó en cada tela, recurrente y diversa.

Rubén primero nos permitió que la hurgáramos por dentro. Nos mostró las habitaciones de esa casa suya: la cama, la mesa, sus nimios objetos interiores teñidos de ausencias. Ahora ha decidido, con esta muestra, desplegarla en su paisaje de místico añil nebuloso, con una hipotética vista, que él ama, hacia el cañadón por donde se arrastran las cintas barrosas del río Mendoza, en Blanco Encalada”.

De aquella casa suya en la montaña mendocina, Rubén saltó a la coqueta Barcelona. De aquella muestra sobre casas, expandió sus ideas hasta llegar al museo de Bucaramanga, con sus océanos y desiertos ya transitados. Sobre esa nueva experiencia de tierra y de agua, es que Laura Valdivieso escribió este texto para el catálogo:

 

Triángulos amorosos.

“De océanos y desiertos” está definida, en principio, por dos esquemas triangulares. Uno, formado por las tres disciplinas que combina, es decir la pintura, el dibujo y la escultura. El otro, por las tres ciudades que vincula, Barcelona (lugar en el que vive), Bucaramanga (lugar en el que expone) y Mendoza (lugar en el que nació).

Triángulo 1

Si bien son tres disciplinas diferentes, en todas puede intuirse una idea de sistematicidad, subyacente en cada obra y también en el conjunto que constituye cada una de las series. Las imágenes permiten fantasear con un azar, una idea vaga de accidente técnico o de automatismo. Pero la similitud entre ellas y la coherencia del conjunto evidencian un principio que se repite y se desarrolla, como una obsesión. La pregunta interesante tal vez sea cuál es el origen de ese gesto libre, descuidado,  que se repite muchas veces y que termina constituyendo una paradoja.

En el conjunto de pinturas se puede percibir una serie de constantes que van desde la paleta hasta la forma en que las manchas se distribuyen por la superficie. Marrones, anaranjados y azules que varían todo el tiempo sin perder la armonía que los emparenta. Hay una regularidad azarosa. La materia se desliza por el soporte y se entremezcla, se diluye, se ensucia. Al final, el artista realiza unas sutiles intervenciones tal vez con la sola intención de apropiarse de ese accidente.

En los dibujos, en cambio, la regularidad se hace más evidente. Pero continúa siendo un orden imperfecto que organiza el recorrido que las líneas hacen. Se acumulan hasta formar tramas o se alinean como un pentagrama. Pero no son sólo líneas, guardan un secreto, porque son palabras o caligramas. Aparece la escritura aprovechada desde la visualidad, como lo hacen los chinos. Produce así un cruce entre lo que se ve y lo que está escrito. Habrá que leer esas palabras para descubrir qué dicen y espiar qué poesía motiva al artista.

En las esculturas hay una reminiscencia constructiva que se vale de la precariedad como expresión. La madera, un material ancestral, manipulado con herramientas y saberes mínimos. Pórticos, arcos, tótems, juguetes, todos aparecen vagamente, y entre medio algunos objetos reconocibles. Otra vez el artista, además de ordenarlos, los interviene con un grafismo primitivo, quemado, y deja así un rastro más fehaciente de su autoría. Son el resultado de un constructivismo primitivista.

Cuál será el concepto que agrupe todas estas obras. Voy a aventurar uno: la percepción de las mismas es conjetural, debido a la indefinición de sus referencias. Otro: la organización de la imagen se emparenta con la música en su estructura, es decir, constantes y variaciones infinitas; y con la poesía en la interpretación posible de significados. Otro más: transmiten una información altamente sensible y hermética.

Triángulo 2

Voy a hacer una digresión para aportar una mirada extramuros sobre la obra de Caruso. Tengo la intención de observar y contextualizar su obra desde una perspectiva de lugar de pertenencia (o no pertenencia). Entonces, la pregunta es qué resulta de un artista nacido y formado en Mendoza, que actualmente reside en Barcelona y que muestra su obra en Bucaramanga. Qué hay debajo de esa triangulación que vincula lugares de origen, residencia o tránsito. Hay un rastro al menos de una tradición del arte argentino o latinoamericano o hay una transculturación a rajatablas. Caruso elige no pensarse desde un territorio o campo. Define su inquietud como “la idea de lo humano que tenemos todos, la universalidad”.

El problema aquí es que yo entiendo el arte justamente desde esa perspectiva, desde la definición de territorio. Fuimos compañeros en la universidad, por eso estoy escribiendo estas palabras. Él eligió viajar por el mundo, yo me quedé en Mendoza. Él enclavó raíces mínimas, como las de las frutillas en los diferentes lugares por los que pasó, y yo largas como las de los álamos.

 “De océanos y desiertos”, que es el nombre que le puso a esta exposición, es un binomio, no un triángulo como yo lo veo. Ambos términos denominan fenómenos de la geografía, genéricos, uniformes e inmensos. Tienen, además, un correlato visual con las obras de Caruso: los colores, los recorridos que se materializan en los mapas, las texturas. Y, de paso, dejan traslucir una idea de arte sin lugar. Océanos y desiertos, todos y ninguno. Yo pienso que “océanos” es el mar que cruzó cuando se fue y “desiertos” el lugar donde nació. Tal vez la obra reflexione sin quererlo sobre la pertenencia distorsionada que dejan a su paso las migraciones. Tal vez aparezcan los paisajes de Mendoza, sus montañas, su diáfano cielo, sus ríos, sus noches. Tal vez, también, la precariedad de las ventanas de su barrio, de las puertas de su casa de la calle Espejo. Todo mezclado con la arbitrariedad con la que mezclan las cosas los recuerdos.

Mis últimas conjeturas. Quizás esta muestra es una metáfora del regreso, o una vuelta al primer amor, o un viaje al pasado, o una búsqueda inconsciente de pertenencia. Probablemente sea como él dice “se juntó el deseo con la posibilidad”, afirmación que le aporta un componente también de azar a esta circunstancia. Vuelvo a la palabra azar y repito que hay una lógica debajo de ella: un triángulo amoroso.

Caruso tiene un blog que se llama “Remo al sur”.

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LAURA VALDIVIESO. Desde finales de los ‘90 emprende, junto a su esposo Miguel Gandolfo, una valiosa gestión cultural para generar en la provincia una apertura del arte contemporáneo. Promueve encuentros de formación alternativos a los circuitos académicos: invita a especialistas en arte contemporáneo en Mendoza, genera exhibiciones e impulsa la creación de grupos de artistas. Se desempeña como crítica de arte, curadora, docente y artista visual. Su obra comprende relieves monocromos realizados a mano y grillados geográficamente. Se interesa por la función decorativa de la obra en el marco de la categoría estética derivada de la geometría intimista, en la que reduce el carácter expresivo a rasgos mínimos. Es central la relación con la textura y el tramado textil. Actualmente es la directora del Museo Municipal de Arte Moderno de Mendoza.

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Editora PENSAMOS CULTURA | Patricia Slukich.
Imagen artículo | Obra Rubén Caruso.
Foto | Provista por Rubén Caruso.


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